Carlos Ordonez, Miami 1/28/2026

Los noticieros dieron a conocer, inmediatamente sucedieron, hechos concernientes a la agresión de la soberanía territorial venezolana, el ataque a varios objetivos militares y civiles en varias partes del país, la masacre de la guardia presidencial cubana y el secuestro del presidente Nicolás Maduro mediante una operación militar estadounidense en la madrugada del pasado tres de enero, sin resistencia alguna por parte de las fuerzas militares venezolanas a pesar de haber sido advertidas de esta posible incursión.

Pero, como la mera descripción de los hechos no evidencia por si sola los motivos que condujeron a estas acciones y omisiones ni las consecuencias a venir, provocó un caudal de preguntas nada fácil de responder en tanto a buena parte de los observadores ávidos de la verdad nos asaltó pronto la sospecha de que las partes involucradas no hablaban claro, más bien tendían a ocultar sus respectivos motivos; así que apelamos a hacer nuestras respectivas indagaciones para avanzar en el análisis de estos sucesos.  

Inicialmente, las amenazas verbales de agredir militarmente a Venezuela por parte del presidente Trump acompañadas con el poderoso despliegue bélico en el Caribe se soportaron públicamente con el pretexto de contener el flujo de narcóticos desde Venezuela a Estados Unidos bajo dos supuestos: que este flujo quebranta su seguridad nacional en términos de salud pública (llamándonos la atención que no lo  referencia en manera alguna a su persistente demanda), y que Nicolás Maduro antes de contener el narcotráfico lo auspicia al liderar el “Cartel de los Soles”. El presidente Trump ha hecho también amenazas de intervención militar en México y Colombia con el pretexto de que sus gobiernos no actúan decididamente contra los carteles “narco-terroristas”, calificando sin fundamento alguno al Presidente Petro de “jefe del narcotráfico en América Latina”.

La sustentación, una vez surtida la brutal agresión  contra Venezuela, exhibiendo como trofeo a Maduro conducido a Estados Unidos por militares americanos, viro completamente; con ella, según palabras del mismo Presidente Trump, se pretende un cambio del régimen que lidera Nicolás Maduro por el que él mimo asumiría como Presidente interino o por aquel que le garantice, bajo una sumisión colonial siglo XXI, no acabar con el narcotráfico o restaurar la democracia sino hacerse a: las reserva de petróleo más grandes del mundo, trescientos mil millones de barriles, a la logística para movilizar el petróleo crudo extraído, también a las reservas de oro y de otros elementos contenidos en tierras raras.

Con la administración directa o indirecta de tales bienes tangibles venezolanos parece que Donald Trump intenta mejorar la confianza del dólar -desmejorada por la crisis económica de los Estados Unidos, su desindustrialización, el altísimo nivel de la deuda externa y las decisiones unilaterales de las condiciones del comercio mundial- en las transacciones comerciales internacionales, ya como reserva monetaria mundial  ya en su estatus de petrodólar.

Sin embargo, Trump deja entrever en sus acciones discursivas que el principal acicate para esta guerra de  agresión contra Venezuela fue el de impedir la expansión de las relaciones de China y Rusia con América Latina,  revitalizando la Doctrina Monroe (proclamada por el presidente estadounidense James Monroe en 1823, estableciendo la política de “América para los americanos”).

Con todo esto Trump fortalecería su resistencia a abandonar un ordenamiento mundial unipolar sometido a su total hegemonía, sin sujeción a ninguna normatividad sino tan solo a una ética liberal de una potencia bien intencionada o  en sus mismas palabras a “su propia moralidad”, cuando las circunstancias cambiantes del mundo le abren las puertas a un ordenamiento multipolar, regido por un derecho internacional que demanda la democratización de su génesis, su constitucionalizacion por los Estados nacionales o ser convertido en una Constitución mundial cosmopolita que abarque los derechos individuales y los derechos humanos, en un orden jurídico en que las voces de todos los afectados individualmente o estatalmente sean atendidas por igual, y en base al cual se reestructuren democráticamente las organizaciones internacionales para que sean funcionalmente eficientes, esto es, que sus decisiones sean al tiempo respetables y vinculantes.

Las prácticas de potencia hegemónica vienen siendo utilizadas por los Estados Unidos desde la caída de la Unión Soviética (1991), cuando se agota la guerra fría y se genera el cambio de un orden mundial bipolar por el unipolar, levantando la bandera de guerra contra el terrorismo, institucionalizándola en la conocida Doctrina Bush,  surgida como respuesta al acto terrorista contra las “Torres Gemelas” (2001) y puesta en práctica  con la expansión de la OTAN al Este y en la invasión  militar en Irak (2003) para adicionar estos dos hechos a la guerra de agresión contra Venezuela como ejemplos de muchos más; lo que sí es  que Trump las está llevando a su máxima realización y sin ninguna consideración a la ilegalidad, tratando de mantener la hegemonía de los Estados Unidos aun a costa de irla desmoronando aceleradamente.

La ingente cantidad de dólares gastada en el despliegue de fuerza bélica en el Caribe y la violenta incursión en territorio venezolano para secuestrar al Presidente venezolano en ejercicio, dejando destrozos materiales y casi un centenar de muertos resulto todo un fiasco.

A más de ser una violenta agresión contra Venezuela sin el más mínimo soporte legal nacional o internacional, los cargos formulados a  Nicolás Maduro se van desvaneciendo al tiempo que lo hace la infundada narrativa política de un “Cartel de los Soles” inexistente, y si el juez senior del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, Alvin Kenneth Hellerstein, al examinar el caso verifica el quebrantamiento de los procedimientos legales para una captura según el ordenamiento jurídico estadounidense, pondrá a Maduro en Libertad.

 Hasta hoy no se ha dado un cambio de régimen en Venezuela; Trump no funge como Presidente interino y Delcy Rodríguez quien asumió la Presidencia como encargada por ausencia del titular  Presidente Maduro, acogiéndose al ordenamiento constitucional de Venezuela, insiste en que no gobierna en nombre y para el Presidente Trump sino en nombre y para el pueblo venezolano. El Presidente Trump reconoció el gobierno bolivariano en cabeza de la presidente Rodríguez,  convencido que con su bendición lo sometería a fungir como dependiente colonial pero no le ha funcionado.

La presidente Rodríguez ha manifestado que venderá petróleo a Estados Unidos en dólares y al precio comercial en el ámbito internacional pero que mantendrá los acuerdos suscritos con la Federación Rusa e igualmente los suscritos con la República Popular China. Tales acuerdos, todos a largo plazo, versan sobre  inversiones, administración de activos y  la comercialización de petróleo con China, Rusia, India y otros países del BRICS sin la intermediación del petrodólar sino de  sus respectivas monedas: yuanes, rublos, rupias, etc. Ahora Estados Unidos tendrá frente a su territorio un emporio económico y militar simétrico, así sea en su sentido mas no en su intensidad, al que Estados Unidos monto con la OTAN en las fronteras de la Federación Rusa y trata de hacerlo en China utilizando a Japón entre otros países. Esto contrasta con la idea de revitalizar la Doctrina Monroe.

Si bien he avanzado en las posibles motivaciones de la parte actora de la agresión militar a Venezuela, no sucede lo mismo con las motivaciones de la permisibilidad venezolana a este secuestro, las que todavía permanecen oscuras a pesar de las múltiples conjeturas formuladas sobre acuerdos y/o traiciones.

En fin, mientras el Gobierno Venezolano manifiesta que actúa con independencia de Estados Unidos, el Gobierno Americano sostiene lo contrario. A falta de claridad el devenir en Venezuela sigue incierto, ¿el gobierno Bolivariano claudicará o resistirá? Hay que seguir atentos secuencialmente a lo sucedido, tanto a los nuevos discursos como a los análisis de los nuevos hechos.